Escrito por: LUIS E. RANGEL
Publicado por: El Nuevo Herald
Fecha: 2-6-2009

EL NUEVO HERALDA las 10:49 de la mañana del viernes, John Pérez, un niño de apenas 12 años, continuaba el rastro que hacía casi 50 años atrás dejó, en el corazón de Miami, una leyenda.

Sin saberlo, Pérez hizo el primer pitcheo del primer juego de pelota que se realizaba en el terreno donde se erigía el viejo Orange Bowl.

Fanático de Hanley Ramírez, Pérez jamás había escuchado el nombre de Leroy “Satchell” Paige, la estrella que en agosto de 1960 metió 57,000 personas en el Orange Bowl para ver a los entonces Marlins de Miami derrotar a Columbus en lo que fue el último partido de béisbol que se llevó a cabo en la instalación.

Los Marlins de Florida ahora esperan que Pérez haya abierto el nuevo ciclo de vida del béisbol en el área, en donde aspiran para el 2012 abrir un parque techado que sirva de sede a la organización.

“Este partido es realmente simbólico para nosotros. Significa la vuelta delbéisbol acá”, apuntó David Samson, presidente de los Marlins que impulsó la iniciativa de la realización del encuentro entre equipos de niños de 8 a 10 años, patrocinados por los Marlins.

El grupo de casi 30 niños se dividió para un partido de béisbol con pelotas y bates de plástico y en el que también participaron Aníbal Sánchez, Rick VandenHurk, Matt Lindstrom y Dallas McPherson, así como Jack McKeon y Andre Dawson como coaches de cada equipo.

“Esto es muy emocionante compartir con estos niños, de verdad todos estamos esperando que se apruebe el estadio y ellos puedan venir a vernos a jugar acá”, dijo Sánchez, en cuyo único turno al bate fue ponchado por el joven Even Delgado, quien momentos antes también hizo abanicar la brisa a VandenHurk.

“Esto es tremendo. Me divertí bastante”, apuntó el serpentinero holandés de la novena floridana.

Para Brian González, un niño de 12 años que participó en el juego, la experiencia fue indescriptible.

“Me gustó mucho estar acá y poder ver a los peloteros de los Marlins”, apuntó González, cuya versatilidad para lanzar, jugar en la inicial y en los jardines pudiera algún llevarlo a vestir el uniforme de sus queridos peces en este mismo terreno en un futuro no muy lejano.

“Claro que me gustaría jugar con los Marlins”, manifestó González, cuyo sentimiento fue compartido por Pérez.

“Quiero ser pelotero de grandeligas y jugar con ellos”, recalcó Pérez.

La semilla quedó germinada en el terreno del Orange Bowl.

Los peces la sembraron y ahora esperan que florezca en el nuevo estadio, para así radicarse por décadas en el corazón de Miami.

“Este estadio nuevo es un regalo para estos niños, para que puedan venir a ver a sus Marlins por años y para que luego puedan traer a sus hijos y sus nietos”, enfatizó Samson.



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